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Historia

 

Histoia de Domaine Belric

 

La Prehistoria

Está demostrado que la presencia humana en la región empezó desde el Neolítico, es decir, de 4000 a 5000 años antes de nuestra era. En las riberas del actual lago de la Raho se encontraron herramientas prehistóricas como hachas de piedra pulimentada y piezas dentales que databan de esta época.

La Antigüedad

En la época romana, Belric contaba con la ventaja de estar situado en un lugar estratégico porque estaba próximo a la Via Domitia y, en estas tierras, el agua era abundante. Gracias a estos dos agentes, estas tierras gozaban de una gran actividad humana.

Fue aquí donde se construyó un castillo  como lugar de defensa y prevención contra posibles ataques. Su nombre evoca su función, ya que, Montescot viene de ‘Mont’ y ‘Escot’, que viene a significar ‘monte desde el cual se escucha para vigilar la presencia de visitantes indeseables’.

En el siglo X, en lugar de esta masía había una aldea con una iglesia que era la parroquia de Montescot. Su nombre era iglesia de San Vincent; iglesia que, más adelante, se destruyó. Sin embargo, su espléndido pórtico se trasladó y, actualmente, se encuentra en la iglesia de San Félix de Laroque des Albères.

El complejo lleva el nombre catalán «d’Avalri» desde el siglo X cuando era propiedad del Señor d’Avalri.

La Edad Media

Los Templarios trabajaron la tierra, canalizaron y  administraron el agua creando l’Agouille de la mar, que es una zona pantanosa, por eso, se convierte en una rica pradera. En esta época, el terreno pertenece al obispado de Elna (Elne, en francés).

La Edad Moderna

En esta época, un comerciante de Narbona llamado Parazols compra el terreno en 1870.  Unas 129 hectáreas de las 173 adquiridas se destinaron al cultivo de vides. Hizo demoler varias casuchas humildes para construir los edificios actuales más otros dos edificios que se destruyeron a causa de incendios.

Primero, Parazols hace construir una preciosa bodega, situada a la entrada, para albergar las actividades comerciales relativas al vino. Además de ser un centro de negocios, la bodega tenía un carácter corporativo. Enfrente del edificio llamado «la báscula» era el lugar destinado a pesar los cargamentos.

Se cuenta que el albañil que hizo las obras era Saturnin Margail, que poseía una gran maestría, y que sus obreros a veces se detenían para verle trabajar (este testimonio se hizo público gracias a su biznieta, la presidenta del museo Terrus en Elna).

Más tarde, los edificios del actual «Domaine Belric» se construyeron de una forma más modesta. El ala que ahora da lugar a los apartamentos fue, en esta época, el lugar de alojamiento obrero: nueve familias se alojaban aquí  durante todo el año; además de los jornaleros que venían a trabajar en el periodo para cargar el heno, la poda de las vides y las vendimias. Así pues, debido a su función, esta parte carecía de elementos de adorno superfluos.

En 1893, se construye otro ala y la torre central, cuya planta baja se ha convertido en el salón de recepciones actual. Esta misma planta baja era la que servía de caballerizas, que albergaban 22 caballos que ayudaban a labrar la tierra. La primera planta servía como criadero de gusanos de seda. Un decreto del Gobierno francés de 1892 concedía subvenciones a los agricultores  que reactivaban la cría de gusanos de seda, por lo tanto, la construcción de este espacio data del año posterior al Decreto.

Esta época marcó el paisaje porque todavía quedan los antiguos muros en alineación a lo largo de las carreteras y caminos.  Una gran chimenea permitía mantener una agradable temperatura para el desarrollo de los capullos de seda.

A principios del siglo XX los arrozales se desarrollaron, pero la actividad principal vitivinícola suplantó a las demás y los arrozales sirvieron de pastizales para los caballos.

En 1930, un gran incendio arrasa con este ala. El tejado y el suelo quedaron destrozados, pero, más tarde, se reconstruyeron. La madera fue remplazada por el hierro, material que se extrajo localmente del macizo montañoso de Canigó (Canigou). Este material posee una calidad excepcional como dan testimonio los numerosos campanarios de hierro forjado; además impide que el óxido y  la corrosión lo afecten. El tejado y el techo se sostienen por pilares de fundición, que fueron diseñados particularmente elegantes con entramado metálico por los alumnos de Gustave Eiffel.

Desde 1912, el complejo perteneció a la familia Jonquère d’Oriola, de la cual formaba parte Pierre Jonquère d’Oriola, jinete emérito. En los años 60, todos los bienes se ven en posesión de nadie porque su propietario, Christophe Jonquère d’Oriola, fallece sin herederos y son sus sobrinos quienes intentan administrar y mantener la actividad. Finalmente, el complejo se vende en dos lotes: uno en el año 2000 y el otro, el actual Domaine Belric, en 2002.

La renovación

Este periodo comienza cuando Ghislaine y Benoît Lefévère adquieren el actual Domaine Belric, que estuvo deshabitado desde hacía mucho tiempo y los edificios estaban en mal estado. Sin embargo, para ambos significaba que una maravillosa aventura estaba a punto de comenzar.

Ambos se enamoraron de estos antiguos edificios; por su parte, Benoît tenía a la espalda una larga experiencia en el dominio de la restauración de casas antiguas y, gracias a ello,  emprenderá el sueño de devolverle la vida a esta joya del arquitecto catalán.

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Primeras investigaciones y obra de albañilería

Después de tres años de reflexión mientras vivían en este terreno estudiando y observando, los trabajos de gran envergadura se emprendieron: reparación de todo el interior, suelos, pisos, escalera, tabiques, techumbre, canalones, etc.  Los acabados de puertas y ventanas están hechos en caïrou (ladrillo catalán que mide 45 x 22 cm). Este ladrillo catalán estaba en mal estado; como consecuencia, necesitaban el reemplazamiento de algunos elementos. Para ello, se emplearon caïroux (plural de caïrou) antiguos para obtener la misma masa, el mismo grano y la misma temperatura de cocción. Después, la cuestión será cómo conseguir el mismo color que la argamasa original. Tras varios intentos fallidos con cemento blanco y otros pigmentos las tres evidencias que se observan  son:

-Los albañiles de la época trabajaban con materiales locales, entre los cuales utilizaban la arena del río que venía del arenal cercano de Brullà (Brouilla, en francés).

-La argamasa se hacía a base de cal, ya que el uso del cemento no estaba aún generalizado.

-Los albañiles no utilizaban pigmentos porque su única preocupación era construir muros sólidos, el color que adquirían los edificios les era apropiado de forma natural.

Benoît emprendió la larga tarea con esta óptica así que le pareció que para el ala de los alojamientos, la parte más antigua, la cal aérea y la arena de Brullà combinaban a la perfección.

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Cuando se pone manos a la obra con el ala de las caballerizas, convertida en salón de recepciones, se da cuenta que la argamasa era más blanca y más dura. La cal hidráulica con la misma arena fue la solución.

La cimentación de las dos partes también es diferente y muestra una evolución de las técnicas. Para el primer ala, la cimentación se hizo a base de escombros. Mientras que para la segunda, la cimentación se hizo en hormigón, el hormigón ya se había inventado, pero aún no estaba armado.

La rehabilitación del techo fue la ocasión de crear un encadenamiento en hormigón para inmovilizar el edificio, ya que sus muros comenzaban a agrietarse.

Benoît completará cada fachada con  «cruces de San Andrés» y las hará conectar entre ellas a través de barras de hierro que atraviesan ambas fachadas y que, en este momento, están incrustadas en las losas.

El techo se elevó sobre un material aislante,  la lana de madera, igualmente eficaz para el calor como para el frío, que dispuesto por fuera revestía el lugar para el volante térmico que da al interior. Esto obligó a realzar el  tejado y, así pues, a crear las bocatejas.

Los antiguos canalones que estaban totalmente deteriorados se remplazaron por canalones de cobre. El emplazamiento del criadero de gusanos de seda que se llevó a cabo en 1930 poseía una gran apertura del tipo de puertas de los graneros del mismo piso para pasar los fardos de heno. Pero el umbral era de hormigón simplemente y no concordaba bien con los otros umbrales. Ghislaine y Benoît buscaron una piedra similar a la empleada para las demás aperturas. La piedra que cumplía con las necesidades fue la piedra azul de Canigó (Canigou), una piedra dura cercana al mármol que soporta sin problemas los impactos con otras herramientas durante la carga y descarga de los fardos de heno.  La cantera local estaba cerrada por lo que, finalmente, se optó por la piedra de Tavel, cerca de Aviñón (Avignon). Hubo que traer dos enormes piedras de 600 kg cada una, así como tres ménsulas de 80 kg cada una; después hubo que tallarlas aquí mismo y elevarlas hacia arriba. Para esta labor tan pesada, nos ayudamos de un tractor de pala a través de la ventana del vecino  accesible por su casa para que, a continuación, se trajeran con planos inclinados y rodillos hasta su destino final. Como puedes imaginar…fue un proceso parecido al de la construcción de las pirámides egipcias.

Acondicionamiento del interior

Las dos escaleras de los apartamentos estaban en muy mal estado y necesitaban trabajos tediosos. Su orientación al Sur ocupaba un sitio que podía ser aprovechado para las habitaciones. Entonces, se destruyeron y se reemplazaron por una única escalera con orientación al Norte, quedando una gran escalera balaustrada que contribuye a realzar la calidad del edificio.

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Los apoyos de las ventanas en caïrou original  estaban todos rotos. Así pues, para darle un toque de elegancia al edificio en plena renovación Benoît, que sabía cómo trabajar la piedra, los sustituyó por los apoyos en piedra.  Después de buscar en numerosas canteras, Ghislaine y Benoît encontraron en Cataluña, en concreto cerca de Lérida, una piedra que se adaptaba a todos los requisitos: homogénea, no se helaba, fácil de trabajar y un tono cálido que combinaba a la perfección con los colores de la argamasa de los antiguos muros. Finalmente, los apoyos se instalaron de la siguiente manera: más gruesos  en las molduras que corresponden a la planta baja y cada vez menos gruesos a medida que ascendemos de planta.

Exteriores y jardines

Para la organización del espacio exterior hubo que reflexionar porque el entorno estaba salvaje. Un pastor todavía pasaba por aquí con sus ovejas y llevaba su rebaño para que pastara en los campos y viñedos. Más tarde, después de años de cohabitación llegó la hora de la jubilación del pastor  y, con ella, la necesidad de los propietarios de retomar las riendas.  La partida del pastor marcó el final de la vida rural y el principio de la nueva vida destinada al alojamiento de turistas y matrimonios, de todo tipo de veladas y eventos importantes que puedes imaginar.

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El lado que tiene vistas a las montañas fue el lugar indicado para diseñar un jardín, que se creó gracias al esfuerzo de un amigo paisajista, que nos propuso su obra adaptándola al vigor y valor de la arquitectura catalana. El jardín de la parte soleada, al abrigo del viento y llena de vegetación mediterránea es donde se encuentra una preciosa fuente de piedra de Lérida, que se talló y se instaló contra el muro que da al Norte.

En el otro lado, que da a la llanura, también se crearon las terrazas que hacen que su longitud sobre la plataforma la hagan más valiosa. Las vistas son admirables: la explanada se extiende hasta donde alcanza la vista, el campo de golf de Montescot y, al fondo, el pueblecito francés de Corneilla del Vercol. Las barandillas se construyeron gracias a las verjas (extraídas de los pesebres de las caballerizas), que se sostienen gracias a las pilastras de caïroux coronadas con una plataforma y una bola en piedra de Lérida.

Una escalera monumental, también tallada en piedra y encargada en dos pilares gruesos, conduce al nivel inferior donde se encuentra una explanada implantada con un borde de robles jóvenes.

 

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El salón de recepciones

En 2010, la boda de su hija mayor fue la ocasión para Ghsilaine y Benoît de darse cuenta de hasta qué punto este lugar mágico era el ideal para celebrar estos grandes acontecimientos. Las antiguas caballerizas servían de lugar de almacenaje; sin embargo, ahora estaban diseñadas para convertirse en un salón de recepciones. La superficie y el emplazamiento de la misma era perfectas para este proyecto.

Para el local destinado al catering y los anexos del salón se añadió un edificio con techumbre que cumpliría, además de la función de tejado, con la función de terraza para darle más intimidad  a los alrededores del salón. Por supuesto, este edificio que acabamos de mencionar está revestido con ladrillos antiguos con capas de caïroux de manera análoga al edificio contiguo. Una bóveda es el soporte de la escalera añadida que conecta esta maravilla de nuevo edificio con la terraza contigua al salón de recepciones.